sábado, 9 de julio de 2022

Ixabelita ...

Isla de Izaros, sublime obsesión del corsario inglés Sir Francis Drake







Hoy he tenido que recordar.
Es muy difícil hacer otra cosa estando donde estoy.
La mirada deambula, vagabundea sin límite.
Fijar un punto y abstraerse del resto requiere un ejercicio de voluntad considerable.
He preferido al fin dejarme llevar por lo que se podría llamar tarde perfecta de un día casi perfecto. El cielo estaba cargado de nubarrones oscuros, blancos, un poco lilas. Las gaviotas revoloteaban en torno a un banco de sardinas. A medio motor una embarcación azul marino y blanca ha cruzado desde Murgúa hasta perderse detrás de la ermita de Santa Katalina . Iban rumbo al puerto antes de que los caserios de Laga quedaran en sombra.
Desde la barandilla, en el balcón de los piratas, lo único que tenía que hacer era descansar inmersa en la brisa fresca, aspirar el perfume de la mar y por una vez ante el mismo paisaje de toda mi vida, sólo mirar las flores de rosa vibrante que este año han vuelto, como nunca antes a inundar la casa. Prímulas y trepadoras de un rojo aterciopelado y vibrante como la sangre, como el amor.
Sandrita, una de las dos yeguas que pastan en Errandosolo, tumbada en la hierba posaba como una odalisca para su pintor invisible.No hacía ni frío ni calor. La marea apacible empezaba a bajar, el día podría haber terminado así; pero no. Segundos después sin querer queriendo  he regresado al viejo camino para rehacer el pasado desafiando el miedo que sentía de niña al volver de Ondartzape a casa por la vía del tren Bermeo-Gernika, saltándo a la torera  el más común de los sentidos. Burlando la prohibición de los padres. 
Ni se te  ocurra hacer tamaña locura, decían entre amenazas y todas las penas del Purgatorio.
Desobedecer significaba jugarse la vida al menor descuido, eso era verdad. Al mismo tiempo un estímulo vital que perdura en el tiempo. Quizá hasta ahora. 

Cuando Ixabelita Koipesta, el tren nuestro silbaba,  temblaban los rieles, y nosotros, los descerebrados nos echábamos a las zarzas. A un lado de la vía estaba el monte y las huertas, al otro el precipicio hasta la mar. Sin escape.  Ese era el desafío. Luego corría, corría esquivando cardos, hortigas, musgo y piedras hasta llegar a casa , sin resuello, feliz, eufórica después de haber burlado la muerte disfrazada de tren, una vez más. 
Así día tras día, año tras año, todos los años de mi vida. De nuestro entonces. 

Ahora es de noche,  cantan entre nubes las lamias. 
Nelson me está llamando. 
Todos duermen. 
La espuma de las olas salta alborozada por las peñas de Errandosolo. 

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Este Sobresalto, se lo dediqué a Nelson la noche del 8 de Agosto de 2016

desde El Balcón de los Piratas en Itxas-Begira. 

“ tête à tête “ con Nelson Villagra Garrido para La Revista CineCubano

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