lunes, 12 de julio de 2021

Plegaria



collage mio desde casa en Itxas-Begira 



No sé por qué, hoy, a propósito de nada, me he visto paseando, hace tiempo, rumbo a Bermeo, entre zarzas con moras y florecillas de colores, por un camino fantástico de curvas y recovecos. Era temprano, a la tarde.
Sentado en el viejísimo banco de piedra, frente al caserío en ruinas, estaba un amigo mío, reposando tranquilo.
—¿Dónde vas? —preguntó.
—A encontrarme con la cuadrilla —le dije.
—Siéntate conmigo y hablamos un poco. ¿Te parece?
—Me parece.
Y me senté junto a él.
Hablábamos de amor y de política. Sobre todo de amores difíciles de entender, creo, ahora. Amores sin astracanadas. Amores a flor de alma, arraigados y fuertes mucho antes del primer beso furtivo.
Él recordaba aquella tarde su amor recién nacido. Yo hice lo mismo.
Teníamos apenas dieciséis años.
Nunca nos enamoramos el uno del otro. Nunca. Con lo bien que nos entendíamos, lo mucho que nos gustábamos.
Amor debió ser a otro nivel, imagino.
Querencia latente hasta hoy, entre tiempo y distancia.
Amor así, sin más. Sencillamente.
De confidencia en confidencia, de cigarrillo en cigarrillo, apareció la luna, esplendorosa, iluminando la mar y todo el Urdaibai.
Aquella luz.
Ya no hay lunas como aquellas.
Nunca llegué a Bermeo.
Y qué importaba.
Por nada del mundo hubiese perdido la compañía de mi amigo ni los versos de Tagore que iba musitando, igual que una plegaria, camino a Mundaka, al final del encuentro en el banco.
«Si de noche lloras por no ver el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas.»
—No lo olvides —dijo.


“ tête à tête “ con Nelson Villagra Garrido para La Revista CineCubano

Nelson Villagra Garrido  ( El Conde ) en  La Última Cena,  de Tomás Gutiérrez-Alea Tomás Gutiérrez-Alea  Nelson Villagra Garrido es chillane...