sábado, 15 de junio de 2019

Hypatia de Alejandría

Hipatia de Alejandría







Esta mañana me he despertado temprano la luz que entraba a raudales jugando con la sombra del manzanito y de los arces, y he continuado leyendo Hipatia de Alejandria, de María Dzielska, que me tiene entusiasmada desde anoche. Tantos libros esperan a mitad de camino en la mesilla de noche ... Me he quedado enredada en el propósito del Obispo Cirilo perseguidor de Hypatia. 

Hypatia (Origen Griego)
Nombre que significa: excepcional. ... Hypatia (355 o 370 - Ibídem, marzo de 415 o 416) fue una filósofa y maestra neoplatónica griega, natural de Egipto, que destacó en los campos de las matemáticas y la astronomía, miembro y líder de la Escuela neoplatónica de Alejandría a comienzos del siglo V. 

Aquí dejo por si acaso este pequeño fragmento que me ha gustado especialmente.La hermosa y sabia discípula de Platón trata de convencer al severo patriarca Cirilo de que sólo hay una pequeña diferencia entre neoplatonismo y cristianismo: «Las palabras son ligeramente diferentes, el significado es prácticamente el mismo». 
Hipatia admite que la persona de Cristo es sagrada para ella, pero también siente afinidad por los dioses encarnados en las eternas estructuras del universo. Las deidades se revelan en la belleza de la naturaleza, en el conocimiento de los cuerpos astrales, en la maravilla del arte, en la espiritualidad de los sabios que buscan la verdad. 
La declaración de Cirilo «Tus dioses han quedado reducidos a polvo, a los pies del Cristo victorioso», provoca el credo apasionado de Hipatia:
¡No lo creas, Cirilo! Viven en mi corazón,/ no como los ves, vestidos de formas perecederas,/ sujetos hasta en el cielo a las pasiones humanas,/ adorados por el vulgo y dignos de desdén;/ sino como los han visto espíritus sublimes:/ en el espacio estrellado que carece de moradas,/ fuerzas del universo, virtudes interiores,/ unión armoniosa de la tierra y el cielo/ que encanta al pensamiento, el oído y los ojos,/ y que ofrece un ideal accesible a los sabios,/ y a la belleza del alma esplendor visible./ ¡Tales son mis dioses!.

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Un sacrificio grotesco.    ( Fragmentos de BBC y Getty Images )


Nunca se supo con exactitud qué motivó a los hombres que atacaron a Hipatia.

Pero se sabía que era amiga del gobernador Orestes, y -a diferencia de él- ella sí podía caracterizarse como una pagana... no era ningún secreto.

Empezaron a correr rumores de que ella era una influencia maligna para el gobernador, que su amistad había impedido que él se convirtiera en un cristiano verdadero, como lo era Cirilo. 

Hasta los conocimientos astronómicos de Hipatia terminaron involucrados en la oscura situación. 

Las observaciones astronómicas eran clave para decidir la fecha de Semana Santa. Una conjetura era que los cálculos astronómicos de Hipatia señalaron una fecha distinta a la que había anunciado Cirilo, lo que socavaba su autoridad. 

Lo que se sabe actualmente es que un grupo de cristianos obstruyó el camino del carruaje de Hipatia cuando ella iba a casa. 

La sacaron de su carruaje, la arrastraron hasta una iglesia y la desnudaron.

Hipatia en llamas
Pie de foto, 

No está claro si la apalearon hasta la muerte o si la desollaron viva, pero la opción que los especialistas creen más probable es la segunda. Luego despedazaron su cuerpo y lo quemaron, en una aproximación grotesca al sacrificio de un animal para un dios pagano.

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Es una lástima que no podamos leer lo que Hipatia escribió, pero eso no significa que su legado se esfumara.

A pesar de que muchas cosas del mundo clásico no sobrevivieron, su nombre y los relatos sobre ella han sido copiados y pasados de generación en generación. 

Según todos ellos, fue una mujer asombrosa; su historia debió haber significado mucho para que la gente se asegurara de que perdurara.

Y sin parar corría ...

Ballets de Pina Bausch


Una  vez soñé  que corría  sin parar como una exhalacion corria sin mirar atrás sin resuello en cámara lenta con tacones por la hierba corría sin aliento en la oscuridad perdida en la oscuridad escapando del miedo corría escapando del sueño  de la traición escapando  sin parar corriendo sin parar corría sin mirar atrás sin avanzar clavada en la hierba,  por mi vida, corría. 

viernes, 17 de mayo de 2019

Considera la sutileza del mar


Moby Dick






“Consider the subtleness of the sea; how its most dreaded creatures glide under water, unapparent for the most part, and treacherously hidden beneath the loveliest tints of azure..... Consider all this; and then turn to this green, gentle , and most docile earth; consider them both, the sea and the land; and do you not find a strange analogy to something in yourself?”

Herman Melville, Moby-Dick

"Piensa en la sutileza del mar; cómo sus criaturas más temibles nadan siempre casi invisibles sumergidas acechando a traición, disimuladas bajo los más bellos matices de azul... Considera esto; y vuelve después a la tierra verde, suave , acogedora, y piensa en ambas ; la mar y la tierra , ¿ no encuentras una extraña analogía con ese algo que te habita ? "

Herman Melville, Moby-Dick

la traducción es mía a falta de otra más virtuosa que haría Mirentxu
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Esta madrugada me ha desvelado Moby-Dick, la vertiginosa ...
y Herman Neville conmigo en el palco.

Dos cuartetas de un soneto de Michelangelo

Cabeza de mujer,  de Miguel Ángel 













Bon soir les amis ! esta noche estoy con Michelangelo en el palco.






















Aquí fue donde mi amor me quitó,
por merced, el corazón y la vida;
aquí me prometió con bellos ojos
su ayuda, y con ellos negarla quiso.

Más allá me ató y acá me ha soltado;
por mí lloré y con dolor infinito
aquí desde esta peña vi marcharse
al que a mí me quitó y no me quiso.

Michelangelo Buonarroti

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Las dos cuartetas de un soneto, transcritas en una hoja con cuentas y, al reverso, bocetos arquitectónicos, tal vez para la biblioteca de San Lorenzo; de entre 1524 y 1534.

miércoles, 20 de marzo de 2019

Mientras espero





El viejo balcón de la habitación donde he dormido da a un jardín de lavandas y rosas color champagne. Hay manzanos, nogales, arbustos de hojas frescas  recien nacidas.  
Tórtolas, búhos sorprendidos y zorros deambulan por si cae alguna gallina atolondrada algún conejo o cualquier otro aperitivo suculento. El jardín está rodeado de bosques tupidos.
Los cuidadores podrían ser  fantasmas del pasado a juzgar por sus  rostros tallados de arrugas por su ademán y su halo. Ella tiene el pelo muy blanco recogido en  moño bajo, rostro ovalado,  ojos inquisidores. No habla, interroga. Viven solos aquí. Recuerdan personajes de Dickens. Hemos coincidido alrededor de la mesa a la hora del té. Hablan poco, lo necesario para mantener los buenos modales. Algo  llama poderosamente la atención. Una tenue pincelada un  cierto  estilo melifluo de ella. La mirada alizarina del marido convierte el saludo en despiadada radiografía. No puedo remediar el escalofrío, el temor de lo que quizá esconda cada rincón cada sombra.  De lo que se sospecha que pasó. De lo que nadie habla. Para contarlo al fin  he venido. No sé qué me pasará. Qué pasará. Nadie imagina quien soy.  Nadie. Me desasosiega. Se hace tarde. El fuego  ilumina  y entibia la oscuridad, un perfume de lavandas acapara los sentidos mientras espero el momento adecuado. 

viernes, 1 de febrero de 2019

Pasodobles y Pendencias

Francis Bacon





Senén era un hombre tranquilo y generoso. Podía dar la camisa o la vida con el mismo donaire. Llevaba siempre zapatos demasiado grandes que sobresalían. Tenía ojos pícaro, s sonrisa seductora a lo  Dean Martin. Era mundano, jugador, trotacamas, simpatiquísimo. Fumaba sin parar.  

No sé porqué le recuerdo ahora. Será quizá el color de la tarde, el silencio que desemboca en la Rivière des Outaouais. Silencioso momento que ha pasado y queda suspendido en el anterior. Regreso al momento agridulce cuando acompañé a mi padre a la ceremonia nupcial de una de las hijas de su amigo Senén con quien jugaba días y noches al ajedrez.

Era el primero al que llamaba cuando venía a Montreal y el último que despedía cuando regresaba a Bilbao. 

La fama de Senén era legendaria en la bohemia de Montreal la Nuit, años 70-80.  Ayudaba a todos los que podía sin hacer alarde de nada, tenía mucho dinero. Le vi perder cantidades enormes jugando al póker y levantarse de la mesa como si hubiera ganado. A mi padre le quería, le admiraba.  Conmigo tuvo un rifirrafe desafortunado. Dejé de hablarle y cuando trató de disculparse no acepté sus excusas. Me llamó pendenciera. Quizá tuviera razón, soy de memoria larga que no siempre es fácil soportar.  Era muy joven, mucho más que él, tenía yo poca mundología, tomaba a pecho cualquier bobada. Dadas las circunstancias acompañar a mi padre a la boda suponía claudicar ante Senen, pero mi padre era mucho padre. 


Senén estaba divorciado desde hacia más de veinte años de Calixta su primera esposa. 

Tenían dos hijas y un hijo. Cuando se dejaron ella juró venganza. Venganza que ejecutó a rajatabla. Ni siquiera le anunció el matrimonio de la hija mayor llegado el momento. Seguramente había pasado la mayor parte de su vida con Senén coronada de cuernos difíciles de perdonar. Cuento corto de historia larga, nos invitó a la boda. A mi padre le apreciaba a mí no tengo la menor idea, no nos conocíamos, ejercería de chófer para conducirle a la iglesia. Llevar y traer a unos y otros ha sido un leitmotiv a mi pesar. Lo llevo en el ADN. 

 

Decía que en la entrada de la catedral Senén y mi padre esperaban a la novia. Senén, conciliador y galante me beso la mano y abrazó. Hicimos las paces, total para qué añadir más leña al fuego. Terminaron allí mismo las pendencias. 

La cena nupcial fue como suele ser ese tipo de acontecimientos. Ninguna novedad en apariencia. No teníamos nada que hacer en aquel ambiente ninguno de los tres por diferentes razones. Qué manera de estar soberanamente aburrida y fuera de órbita en aquel ágape.

Finjo mal cuando estoy sin estar, me destempla. Mi padre era más diplomático, más tolerante; tenía gran sentido del humor; don de gentes se decía. 


Llegó al fin la tarta nupcial, qué alivio. Faltaba menos para el final. Ahora vendría el Vals. Sorprendiendo a todos Senén invitó a bailar a su hija. Ella le abrazó fuerte. Después todo sucedió en cámara lenta a la luz de las velas. Con repentino ímpetu mal disimulado la madre ordenó cesar el vals y arrebató de los brazos de su exmarido a la desposada. Pidió un pasodoble a la orquesta. No sé cual. Era lo de menos. Acto seguido Calixta besó a la hija en los labios,  cubrió su rostro con el velo y bailó con ella el pasodoble más deslumbrante y tremebundo imaginable apretándola contra sí como lo haría un hombre apasionado.

El flamante marido era a esas alturas una sombra. 

Recuerdo a las dos apenas rozando el suelo. 

La novia iba de blanco virginal. La madre con traje largo de seda bermellón danzaba por la pista girando y girando y girando, meciendo y bailando a su hija velada antes de entregarla a su esposo.

 

No olvido la prisa de mi padre por salvar a su amigo de tan mal trago ni las lágrimas de Senén a media noche, Avenue des Pins, camino a casa, los tres en silencio de claustro cuando dije por decir algo ¿ qué tal una partidita de Mus au champagne ?



Amanecimos jugando. 

jueves, 13 de diciembre de 2018

Al Capone en el ascensor

fotografías de la red collage mío



Anoche mientras me pintaba los labios de rojo Chanel sentí miedo repentino parecido al que me aterró hace años en el Hotel Lexington de Chicago, 1975. Mucho miedo al recordar aquel dia.
No se veía un alma cuando salí de la habitación en la quinta planta del controvertido hotel que había sido durante años cuartel general de Alfonso Gabriel Capone.
Mi habitación estaba en la quinta planta. Aquella mañana, mientras esperaba el ascensor, un empleado de la limpieza surgió de la nada con balde y fregona en mano. El pasillo estaba desierto. Me pareció raro que con tanto cachibache no bajara en el montacargas. Quedamos solos los dos. Al fin nos encontramos perra, dijo y detuvo el ascensor como si estuviese averiado. No podía creerlo. No podía. Estaba petrificada.
Apenas me sostenían las piernas. Eran las once de la mañana, había poca gente en el hotel. Por favor pulse el botón de bajada al lobby.
Pulsó, lo paró de nuevo, en seco, así varias veces subimos y bajamos.
Al final lo detuvo entre dos pisos, y se apoyó contra la puerta.
Era un ascensor antiguo. Lo habían adecuado conforme al reglamento de seguridad exigido sin perder su estilo Art Déco. El techo estaba tapizado de espejos biselados y las puertas de vidrieras fantásticas.
Lo que estoy contando ocurrió el penúltimo día de los diez que estuve en Chicago. Tuve tiempo para recorrer la ciudad pasar horas de horas en el Museo de Arte Contemporáneo, caminaba incansable por el paseo magnífico del Lago Michigan, donde el viento constante tan celebrado tan ruidoso fue música para mi.
En las películas de gangsters y de espionaje la heroína de la historia suele ser temeraria, valiente, y lleva una cápsula de cianuro entre los dientes que romperá antes de entregarse viva al enemigo.
Yo no.Yo estaba quieta parada muerta de miedo, mientras aquel hombre me olfateaba el pelo, el cuello, el pecho, la blusa, quiero tu perfume decía, el nombre, rápido el nombre, el nombre murmuraba. Me tapó la boca con una mano, le mordí y grite a pleno pulmón , L´air du Temps, imbécil. L´air du Temps.
Me gustas chillando perra, chilla dijo, chilla, chilla, chilla. Se acercó tanto que entre él y yo solo mediaba un ataque de ansiedad, un atolondrado pensamiento. Traté de apretar algún botón, escapar.
Me estampó contra la pared. Vendrán a por mí, grité, grité y grité. Sabiendo que nadie me esperaba.
Shut up you fucking bitch or I'll kill you !
Al Capone dónde estás , clamé, por si acaso.
Look what happens with your perfume, you whore!
Watch ! Watch me !
Pero le miré a la cara y no sé cómo sonreí, le sonreí, era tal el horror, que sonreí.
Si me dejas salir de aquí, murmuré, esta noche nos encontraremos tu y yo en la quinta planta, y te daré el perfume que quieras, lo que pidas, te lo juro mi perfume. Su aliento invadía el ascensor mientras me acariciaba la boca.
Luego pulsó el botón de bajada, sin parar hasta el nivel último del estacionamiento subterráneo.
La cabeza latía como si fuera a estallar.
Quizá me estaba muriendo.
Los titulares de algún periódico en el reino de Al Capone dirían:
Ella vestía vaquero azul y blusa camisera de seda color marfil. Iba con botas camperas de gamuza marrón. Tenian tacón perfecto para un andar garboso y cómodo, para correr si fuese preciso, desgraciadamente nada de eso pudo hacer. Llevaba sobre los hombros un abrigo beige de cachemira estilo Ali McGraw y una gargantilla con el Triskel celta.
Tan aterrorizada estaba, tan segura de que había llegado mi última hora que lo único que ansiaba era morir de un disparo certero al pecho.
Cuando el ascensor de Al Capone llegó al estacionamiento quiso arrastrarme fuera.
Dicen que en caso de secuestro es fatal cuando llevan a la víctima desde el escenario inicial al siguiente.
Sucedió como si de un milagro se tratara, uno de los tantos en mi vida, que se abrió la puerta y entraron en avalancha varias parejas vestidas todos de gran gala botellas de champagne en mano, felices, saludando riéndose, se abrazaban, me abrazaban. Bendito encuentro.
Entre luces, sombras, en la nada, tal cual había llegado al ascensor, había desaparecido el acosador.
¿Volvería a entrar otra vez en el último segundo... volvería igual que en las películas de horror...?
Y se cerraron las puertas.
Me preguntaron si me sentía bien.
Muy bien.
¿Al Lobby?
Si. claro que sí.
Lo narrado hasta aquí calculo que duró poco menos de una hora, nunca he llevado reloj, ni hubiese servido de mucho en el ascensor de Al Capone donde imaginé tantas formas de morir. Cuando el tiempo fue la eternidad.



domingo, 21 de octubre de 2018

Furtivas sombras

de la red


Furtivas sombras despiertan  desasosiegos  que no quiere recordar la memoria. No escondas lo que recuerdas, dicen,  no dejes atrás voces silenciadas, palabras sin digerir, momentos.  Vomita. Vomita. No sirven.  Suelta lastre. Al borde del sueño esta noche dormiré tranquila con mi alma misma.

lunes, 30 de abril de 2018

Antoinette en tercera persona


Sueño de, Goya



No quería oír los bandazos de su corazón hasta que una noche o quizá fuera una madrugada Antoinette abrió los ojos a las tres como si hubiese soñado que dormía. Los cristales del ventanal reflejaban el resplandor azulado de la nieve. El frío intenso llenaba la oscuridad.
La vena azul, herencia de familia, tan escandalosa y visible en la sien izquierda, amenazaba con desbordarse sin remedio. Mancharía de sangre la almohada, se esparciría en su pensamiento íntimo, semejante a la palabra que escapa de la boca y no puede volver al silencio.
Rara vez disfrutaba de sueños apacibles como cuenta la gente normal o los que mienten. Las pesadillas habitaban el hemisferio derecho intuitivo, holístico, no racional en ella.
Una nube pequeña lejana y frágil en apariencia, transitoria en el cielo azul, se iba agrandando a medida que bajaba hasta convertirse en masa densa, densa, que se precipitaba poseyéndola, asfixiándola. Así despertaba con el corazón agitado a punto de ser engullida. 

Desde entonces Antoinette prefiere recordar en tercera persona.

“ tête à tête “ con Nelson Villagra Garrido para La Revista CineCubano

Nelson Villagra Garrido  ( El Conde ) en  La Última Cena,  de Tomás Gutiérrez-Alea Tomás Gutiérrez-Alea  Nelson Villagra Garrido es chillane...